La intervención en la Basílica Pontificia de San Miguel supone una actuación integral sobre uno de los conjuntos barrocos más singulares del centro histórico.
El proyecto nace de la necesidad de recuperar la imagen original del templo y garantizar la adecuada conservación de sus fachadas, afectadas por el paso del tiempo y por diversas patologías acumuladas.
Los trabajos contemplan la instalación de medios auxiliares específicos para posibilitar la intervención en altura, así como la protección del entorno y de los usuarios durante toda la obra.
Una vez asegurado el acceso, se lleva a cabo la restauración completa de los revestimientos exteriores, eliminando los morteros deteriorados, saneando soportes y ejecutando nuevas capas de acabado compatibles con el edificio histórico.
Se actúa también sobre grietas, encuentros y puntos singulares, reforzando aquellos elementos que lo requieren y devolviendo continuidad y estabilidad a los paramentos.
La restauración se completa con tratamientos finales destinados a homogenizar la superficie, mejorar su comportamiento frente a la intemperie y asegurar una integración cromática respetuosa con la arquitectura original. Durante el proceso se incorpora una lona mimética en la fachada principal, diseñada específicamente para reproducir fielmente su apariencia y minimizar el impacto visual de los trabajos.
El resultado es una intervención rigurosa y respetuosa que asegura la preservación del edificio y realza la calidad arquitectónica de la basílica, contribuyendo a la conservación del patrimonio histórico de la ciudad.
Estado inicial y sus patologías











